La pandemia hizo trizas meta de inflación del Banco de la República

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Ese muro infranqueable, que desde hace tres años construyó el Banco de la República en torno a sus metas de inflación en el rango del 2% al 4%, quedó destruido por el impacto de la pandemia. El último envión para romper ese búnker lo propinó el alto costo de los alimentos, que subieron en las cuarentenas y se quedaron así, afectando el bolsillo de los colombianos.

Esa olla a presión tenía que estallar de alguna forma y fue la que provocó que la Junta Directiva del Banco de la República decidiera, a finales de septiembre, incrementar las tasas de interés de 1,75% a 2%.

No hay duda de que la inflación es el impuesto más regresivo para los bolsillos, ya que nos afecta en todas las actividades. Desde el incremento en los alimentos básicos de la canasta familiar a las tarifas de los servicios, el transporte, la educación, la salud, la ropa, los impuestos, es decir todas las actividades que desarrollamos para que la economía funcione cada día.

Señalan los investigadores del Bancolombia que, en términos anuales, la inflación aumentó al 4,51% desde el 4,44%, alcanzando la tasa más alta desde abril de 2017. La inflación de los bienes no durables siguió subiendo, pasando del 8,67% al 8,98%, impulsada principalmente por el componente de alimentos.

Mientras tanto, a pesar de moderarse al 8,03% desde el 8,32% de agosto, los precios de la energía siguieron siendo un motor clave de la inflación en septiembre, ya que los precios del petróleo se mantienen elevados.

Además, los bienes duraderos se aceleraron hasta 4,36%, desde el 3,92% de agosto, como consecuencia de la depreciación de la moneda. La inflación, excluyendo los precios de los alimentos y la energía, se moderó hasta el 2,60% (2,67% en agosto), reflejando unas presiones inflacionarias aún contenidas, mientras que la inflación de los servicios se desaceleró hasta el 2,21% desde el 2,30% anterior.

 

Previsiones

Señalan los analistas de la entidad privada que “estimamos que la inflación acumulada en el tercer trimestre fue del 6,5%. Por su parte, la inflación subyacente se aceleró hasta el 5,0%, desde el 3,0% del segundo trimestre del año. Esperamos que la inflación repunte hasta el 5,2% este año, desde el 1,6% en 2020, a medida que la reapertura económica conduzca a una reducción gradual de la brecha del crecimiento, se traslade la presión del tipo de cambio y persistan las limitaciones de la oferta mundial”.

Asimismo, los expertos consideran que las previsiones de inflación apuntan a que se ubicaría en el rango entre 4,6% y 4,8% al cierre de año. Esta cifra estaría respaldada por las presiones de precios provenientes del resto del mundo, la perduración en los problemas de logística global y la trasmisión de la depreciación del peso a los precios finales.

 

Productores

Aseguran los analistas del Bancolombia que esta perspectiva también está influenciada “por el aumento en el costo para los productores, que en un contexto de mayor dinamismo de la demanda permitió trasladarlos gradualmente a los consumidores. Dado que la indexación es un elemento importante en la fijación de precios en Colombia, la expectativa que planteamos puede influir significativamente en el comportamiento de esta variable para 2022”.

“Además -sostienen-, esta lectura también constituye una presión al alza para las discusiones salariales. Lo anterior se encontraría en línea con los riesgos al alza que fueron esbozados en la más reciente junta del Banco de la República que, sumados al buen desempeño de la demanda interna, podrían llevarnos a evaluar un escenario por encima de nuestra senda base actual de 3,3% para cierre del próximo año”.

Manifiestan los economistas en su investigación que “en este sentido, reiteramos nuestra previsión de que el ciclo de normalización monetaria que empezó la semana pasada seguirá su curso con aumentos sostenidos de 25 puntos básicos por reunión. Aunque nuestro escenario para 2021 es mayor que la previsión del equipo técnico, creemos que la materialización de este no alteraría de forma significativa la visión del Emisor sobre el comportamiento de los precios, lo que le permitirá continuar un ciclo enmarcado en la gradualidad”.

Como se estableció oficialmente, el DANE reportó que durante septiembre el índice de precios al consumidor presentó una variación mensual de 0,38%. Tal registro se ubicó 8 puntos básicos por encima de la proyección promedio de los analistas del mercado consultados por el Banco de la República, que pronosticaban 0,30%.

Además, la lectura se consolidó como el registro más alto para el mes desde 2015, cuando se observó una variación de 0,72%. En esta ocasión, el incremento estuvo explicado por las divisiones de gasto asociadas a los alimentos, a los servicios y a los regulados.


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Los alimentos

“Por un lado, los alimentos dentro del hogar presentaron una variación del orden de 0,76%, tan solo 6 puntos básicos por encima de nuestro pronóstico, lo que les permitió contribuir en 13 puntos básicos a la variación mensual. En esta, el precio de algunas proteínas, el efecto de algunos insumos y los niveles de tasa de cambio determinaron el avance”, señalan los expertos.

Por su parte, los servicios y regulados impulsaron, por tercer mes consecutivo, el avance mensual de los precios. El aporte se sustentó en el aumento de las tarifas de algunos servicios públicos, en particular en el asociado al agua, en el ajuste en los arriendos y en el precio de la gasolina, que influyó en otras divisiones de gasto como el transporte.

Con este resultado, la inflación a 12 meses continuó avanzando y alejándose del límite superior del rango de tolerancia del Emisor (4%). Sin duda, una inflación de alimentos superior al 12,4% continúa consolidándose como la variación más alta de los últimos cinco años.

En este mes, el DANE considera que el alza en el precio de las proteínas, el plátano, las frutas frescas y los aceites comestibles impulsó el valor de la canasta familiar. En conjunto, estos tres renglones aportaron 13 puntos básicos a la variación total del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Buena parte del avance registrado en estos alimentos estuvo determinada por el encarecimiento de los insumos -en particular en la soya y el maíz-, así como por la presión alcista de la tasa de cambio y la finalización del ciclo productivo de frutas como el mango y el aguacate. Además, el precio de la carne de res y el plátano, que tienen un peso relevante en el índice, estuvieron impulsados por la gran demanda.

Por el contrario, es de resaltar la corrección observada en el precio del huevo (-5,9%) y el arroz (-3,6%), que produjo un contrapeso de 5 y 3 puntos básicos, respectivamente, a las presiones alcistas en el rubro. En el corto plazo persisten los riesgos al alza, debido a que los costos asociados a los insumos, los alimentos importados y el transporte internacional continuarán elevados. Por esto es factible que el contexto internacional en precios, como el de la soya o de aceites importados, pueda mantener latentes las presiones inflacionarias.


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Aumentan las expectativas

El incremento de las tasas de interés era una decisión ampliamente esperada, ya que es claro que la postura de política monetaria que se adoptó en la parte más álgida de la pandemia debe ajustarse a la realidad actual. En ella, la inflación se ha acelerado y supera el rango de referencia del Emisor, la recuperación de la actividad productiva está siendo más fuerte de lo previsto y el déficit en cuenta corriente se ha ampliado con rapidez, lo cual puede afectar la estabilidad macroeconómica.

En el frente de inflación, los reportes recientes han traído sorpresas alcistas. Esto ha promovido un incremento de las expectativas de variación anual del IPC para finales de 2021 y 2022, a 4,7% y 3,48%, respectivamente. Aunque el grueso del incremento en los precios es atribuible a choques de oferta, aquellos asociados a la logística global están demostrando ser menos transitorios de lo inicialmente previsto. Además, también hay presiones en la inflación básica, que pueden sugerir que la brecha del crecimiento negativo se está cerrando de forma acelerada.

Fuente: El Nuevo Siglo

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