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Importancia de tener empatía con los niños y cómo enseñarla

La empatía ayuda a los niños a establecer relaciones más positivas, pero para ello han de crecer con padres empáticos. Te contamos cómo ser un buen ejemplo.

Importancia de tener empatía con los niños y cómo enseñarla

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 07 febrero, 2022

Todos hemos tenido alguna vez la sensación de que vivimos en un mundo frío e impersonal. En una realidad en la que, pese a estar rodeados de otras personas, nadie parece interesado en vernos y escucharnos. Si queremos cambiar esta situación hemos de comenzar con la educación, trabajando la empatía con los niños desde sus primeros años.

Desarrollar esta habilidad no solo les permitirá contribuir a forjar un mejor futuro para todos, sino que también les reportará múltiples ventajas a nivel personal. Pero para esto han de crecer en un hogar en el que sus sentimientos sean tenidos en cuenta y en el que se les enseñe a lidiar con las emociones propias y ajenas. ¿Quieres descubrir cómo ofrecérselo?

¿Por qué es importante tener empatía con los niños?

A la hora de educar, cada familia prioriza unos valores. Hay quienes consideran que la disciplina es la base de todo, otros abogan por el respeto y otros por el diálogo. Y pese a que todos estos ingredientes son muy importantes, hay uno que nunca debe faltar y es la empatía.

Piensa que tus hijos han llegado a este mundo siendo dependientes de los adultos a su cargo. Necesitan de ellos para sobrevivir, para satisfacer sus necesidades y para aprender a desenvolverse por sí mismos.

¿Cómo lograrán esto si esos adultos no están dispuestos a escucharles y comprenderles? Unos padres poco empáticos crean una sensación de inseguridad en los niños, que percibirán que estas figuras no están disponibles para ellos.

Si ante una rabieta de tu hijo respondes con gritos o castigos, quizá logres redirigir su comportamiento o hacerlo callar, pero le estarás transmitiendo un peligroso mensaje: no importa lo que sientes, solo que te amoldes a la forma en que yo quiero que te comportes. Por el contrario, si actúas con empatía, le ayudarás a entender sus emociones y a canalizarlas de mejor manera. Ante todo, lo harás sentir a salvo.

Por otra parte, ayudar a tu hijo a desarrollar la empatía es fundamental. Esto le permitirá forjar relaciones más sólidas y positivas con los otros, lo que influirá en su salud y felicidad.

Pero además, le ayudará a lidiar con los conflictos y las frustraciones de una mejor forma. Ya no se sentirá atacado u ofendido por las acciones de otros, sino que sabrá comprender por qué han hecho lo que han hecho. De igual modo, es menos probable que forme parte de dinámicas de bullying o acoso escolar.

La falta de empatía es una de las fuentes del acoso escolar. Un niño educado con respeto sabrá respetar.

¿Cómo mostrar empatía con los niños?

Tus niños necesitan tu empatía para crecer sanos y felices. Pero además, aprenderán de ti a aplicarla en su día a día.

Recuerda que la familia es la primera escuela y que los niños aprenden lo que viven. Por ello, no basta con predicar, sino que hemos de ser ejemplo.

Al mostrar empatía hacia tus hijos estarás sembrando la semilla para que ellos, a su vez, se conviertan en personas empáticas. Las siguientes son algunas pautas que puedes aplicar.



Aprende autocontrol

Para los adultos no siempre es fácil reaccionar adecuadamente ante la impulsividad o los estallidos emocionales de los niños, pero es imprescindible que aprendamos a aplicar el autocontrol. Cuando tu hijo se expresa no necesita que se le reprima, sino que se le escuche, se le comprenda y se le ayude a canalizar lo que siente.

Así, los padres deben hacer el mayor ejercicio de empatía al lograr controlar sus propias emociones para poder atender las de los niños.

Escucha y observa, ponte en su lugar

Para poder ponerte en la piel de tu hijo necesitas saber qué piensa y siente. Para esto has de escuchar y observar.

En ocasiones, los niños pueden decirnos cómo se sienten, pero su vocabulario será limitado y con frecuencia no tendrán claro lo que les ocurre. Por ello, además de escuchar hemos de observar sus reacciones y gestos y comprender la situación que les ha conducido hasta aquí.

Puedes recurrir a tus propias experiencias (salvando las distancias) para entenderlos. ¿Cómo te sientes tú cuando se frustran tus planes? ¿Y cuando alguien te dice qué debes hacer?



Amplía su vocabulario emocional

Poner nombre a las emociones de tus hijos es una excelente forma de transmitirles que te importa cómo se sienten, que estás al tanto y puedes ayudarles a comprender. Por ejemplo, si tu hijo grita y patalea cuando quieres sacarlo de la bañera, puedes ayudarle verbalizando “sé que estabas muy a gusto jugando en el agua y tener que salir te hace sentir enfadado, pero ya es hora de cenar”.

No temas en emplear términos que quizá no conozcan ni utilicen, como frustrado, decepcionado, ilusionado, celoso. Es importante que vayan conociendo opciones más allá de “me siento bien o me siento mal”, pues esta es la base de la educación emocional que les permitirá comprenderse y comprender a otros.

Trabajar con cuentos, actividades y juegos que amplíen el vocabulario emocional también será una excelente medida.

Haz preguntas pertinentes que les permitan llegar a conclusiones

Sin duda, crecer con unos padres empáticos hará que esta habilidad se forje de forma natural en el niño. Sin embargo, podemos fortalecer este proceso entrenando al menor en diferentes situaciones.

Por ejemplo, al ver una película o leer un libro podemos hablar acerca de cómo cree que se sienten los personajes, qué piensan y necesitan en cada momento. Además, las situaciones de la vida diaria pueden servirnos de ejercicio: “¿cómo crees que se sintió tu amigo cuando le regañó la profesora?”, “papá está enfermo, ¿qué crees que podemos hacer para que se sienta mejor?”. Este tipo de preguntas abiertas animan al niño a reflexionar y a poner en práctica sus habilidades.

El diálogo siempre es la mejor manera de llegar a acuerdos y de gestionar las emociones entre padres e hijos.

Recuerda lo que no es empatía

Algunos padres rehúsan emplear la empatía en ciertas situaciones de crianza porque tienen un concepto erróneo de la misma. Hay quienes piensan que un exceso de la misma puede volver a los niños débiles, caprichosos, consentidos o egoístas. Sin embargo, esto no es así.

Mostrar empatía con los niños no implica ceder ante sus caprichos ni tampoco implica justificar sus malos comportamientos. Un padre empático puede perfectamente poner límites y educar en las conductas correctas, pero lo hace partiendo de la comprensión. Antes de corregir o al momento de dar una orden, se toma el tiempo de entender la perspectiva de su hijo y de validar lo que siente.

Si consideras que el niño debe irse a dormir a las 9, tener empatía no significa que le dejes quedarse hasta las 10; pero sí implica aceptar su frustración o su tristeza por tener que dejar de jugar, hacerle saber que lo entiendes y que es válido que se sienta así. Luego explicas los motivos por los que es importante irse a dormir.

En definitiva, aplicar la empatía con los niños es un requisito indispensable de estilos educativos como la crianza positiva o la crianza con apego. El resultado es un menor que crece sintiéndose valioso y tenido en consideración, y que aprende a considerar a los demás. La inversión merece la pena.

Fuente: Mejor Con Salud