Bitcóin y pandillas: las metas de Bukele para su cuarto año

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, cumplió este pasado 1 de junio tres años en el poder, con dos metas claras de hacia dónde apuntará su Gobierno en los últimos dos años de mandato y con una serie de críticas de violaciones de derechos humanos que sube como la espuma.

(‘Bitcóin como moneda legal en El Salvador es una oportunidad’). 

El aniversario de Bukele, uno de los mandatarios de la región más polémicos en los últimos años, coincide con uno de sus mejores registros en cuanto a aprobación personal y de su gobierno.

De acuerdo con la última encuesta del Centro de Estudios Ciudadanos (CEC) de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), el presidente Bukele tiene una nota de 8,34 sobre 10 puntos, mientras el 41,4% de los salvadoreños definen a su gobierno que trabaja 24/7, mientras el 31,20% lo cataloga como un gobierno que cumple sus promesas.

Dentro de ese mismo estudio se destaca que el 71,20% de los encuestados consideran que el país “va muy bien”; al tiempo que 72,23% apoyaría una reelección de Bukele.

“Los partidos tradicionales del país no habían podido responder las históricas demandas del pueblo (…) Bukele surge en ese sentido como una especie de esperanza, se le visualiza como una especia de mesías”, dijo Erik Quintanilla, cientista social hondureño experto en política de El Salvador.

(Moody’s rebaja deuda de El Salvador, país donde el bitcoin es legal). 

“Por una parte, Bukele en estos primeros años tiene esa solidez en el electorado, pero también con un cierto recelo por el elemento de dictadura y que tan dictatorial puede llegar a ser cuando se tiene todo el poder. En esa línea se han manejado los primeros años de Gobierno de Bukele”, complementó Quintanilla.

EL PAPEL DE LA ECONOMÍA 

Si bien el presidente Bukele registra buena percepción de la población, la economía no cuenta con la misma fortuna.

De acuerdo con la encuesta señala previamente, la economía personal (18,8%) es la segunda opción menos favorecida en los tópicos que “han mejorado” en estos tres años de Gobierno de Bukele. La seguridad, la educación pública y los servicios de salud son las ramas con las proporciones más altas.

Esta percepción de la población no coincide con las cifras macroeconómicas de los últimos años del país y de las medidas que la Administración Bukele ha tomado en favorecimiento de la población para mitigar los efectos de la pandemia de la covid-19 y del incremento de la inflación por la crisis global.

En términos macroeconómicos, según el Banco Central de Reserva, la economía de El Salvador creció a doble dígito en 2021, concretamente del 10,3%, sin embargo, este crecimiento caerá en picada en 2022 cuando el pronóstico se sitúa en una tibia alza de 3,2%.

La entidad monetaria informó que en abril la inflación anual se situó en 6,5%, por encima de la meta de 2,7% que evalúa el banco. Por ello, se anunciaron unas medidas como la eliminación de impuestos a la gasolina y a la importación de productos alimenticios, entre otros.

Sin embargo, la apuesta clave de Bukele en materia económica, el bitcóin, sigue sin despegar dentro de la población del país.

Teniendo en cuenta una encuesta de la citada casa de estudios, el 53,5% de los salvadoreños considera “nada acertada” la propuesta de establecer hace más de un año al bitcóin como moneda de curso legal, siendo el primer país del mundo en oficializarlo.

Así, la moneda más usada por la población para el día a día continúa siendo el dólar estadounidense con el 95%.

(El Salvador ya acepta el bitcóin como moneda oficial). 

Para comprender el papel de la economía, el investigador y catedrático de la Universidad de El Salvador, Balmore López, lo divide en dos escenarios divididos por la pandemia de la covid-19.

“En el caso del primero, antes de la pandemia, se tenía un conjunto de expectativas positivas. Después del proceso electoral se esperaba mayor participación ciudadana, incentivos a la formalización empresarial e incentivos a la producción. La barrera de la violencia de las pandillas y la política era la semilla para que se cambiaran a los partidos gobernantes y crear una nueva forma de Gobierno, pues era necesario redistribuir la riqueza, disminuir la corrupción y mejorar los controles de los recursos públicos”, sostuvo López.

El segundo momento viene después de la pandemia, donde, de acuerdo con el docente, el Gobierno toma las tres ramas del poder político pero “ocurre un manto de venganza político” en el que se hace un recorte “sin piedad” contra “pequeños dirigentes” que “simple y llanamente eran empleados contratados en la gestión política, pero no representaban ningún peligro de ejecución de políticas estratégicas del gobierno de Bukele”.

Esto, a juicio del catedrático hizo que creciera el desempleo provocado y sustituido.

Al mismo tiempo, en la parte fiscal el gasto comenzó a aumentar “desmesuradamente”, y con ello también lo hizo la deuda pública. “El problema es que el comportamiento de los ingresos no permite cambiar el ritmo del gasto y con ello el uso del crédito interno y, aplicando la técnica de deuda por deuda”, dijo López.

“La inflación empieza a crecer y con ello los precios de la canasta básica, lo que ha hecho la pérdida de poder económico de la población para satisfacer sus necesidades”, agregó.

EL ULTIMÁTUM A LA MAFIA 

El presidente Bukele tiene entre ceja y ceja “acabar” con las mafias que hacen vida en el país y devolver la “tranquilidad” a las familias del país centroamericano.

Como consecuencia de una masacre extendida en todo el país desde el 25 al 27 de marzo, la Administración de Bukele ordenó un estado de excepción que se ha ido extendiendo y que ha desplegado operativos policiales por las calles del país y ha llevado a la cárcel, sin orden judicial, a más de 36 mil integrantes de estas pandillas urbanas.

“La política del país se ha orientado hacia una política más confrontativa y el reto está en traer otras alternativas al conflicto”, señaló Quintanilla.

Esta política le ha dejado una serie de críticas de organismos internacionales sobre los derechos humanos de los presos.

ROBERTO CASAS LUGO

Fuente: Portafolio