Violencia vicaria: ¿qué es y cómo evitarla?

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La violencia vicaria convierte a un tercero —en general, los hijos— en un instrumento para dañar a una persona. Te contamos en qué consiste y cómo reconocerla.

Violencia vicaria: ¿qué es y cómo evitarla?

Última actualización: 19 mayo, 2022

Existen diferentes maneras de dañar y «castigar» a una persona. Dentro de las violencias de género, se encuentra a violencia vicaria, que suele ser aplicada por un hombre —pareja o expareja— al no poder conseguir lo que desea.

Dicho de otro modo, el victimario pretende cambiar la voluntad de su pareja y busca otros «frentes» para atacarla. En concreto, suelen ser los hijos o los seres queridos de la mujer los que sufren el daño colateral. Veamos en detalle de qué se trata.

¿Qué es la violencia vicaria?

La violencia vicaria es una forma de presionar sobre otra persona mediante el ataque de su punto débil. Ese maltrato no se ejerce de manera «directa» sobre la persona implicada, sino sobre personas de su entorno.

Es quizás una de las formas de abuso más dolorosas y el golpe más bajo que puede dar una persona cuando quiere lastimar a otra. Se considera dentro de las violencias de género, ya que es un motivo frecuente en aquellos casos en los que un hombre busca dañar y dominar a una mujer.

Con este fin, tiende a emplear a sus hijos o hijas como instrumentos. Si bien utilizarlos a ellos es lo más frecuente, también puede ser en contra de sus padres, hermanos o algún ser querido.

En ocasiones, se presentan señales previas, que van desde amenazas hasta daños explícitos sobre los niños. Por ejemplo, cuando regresan a la casa de la madre con pertenencias dañadas.

La violencia vicaria es una forma de violencia de género. Atender sus señales es sumamente importante para evitar desenlaces fatales.

Algunas de las características que permiten reconocerlo son las siguientes:

  • El objetivo es dañar a la mujer. Por ejemplo, cuando el padre está con sus hijos, no tiene interés en compartir tiempo de calidad con ellos, sino que se enfoca en criticar e insultar a la madre.
  • Se fundamenta en una violencia patriarcal, porque a través de su actuación, busca dar un mensaje; mostrar quién tiene el poder y qué sucede cuándo ella no cumple o no le da lo que desea.
  • Los hijos e hijas son rehenes u objetos, son el medio a través del cual causará daño a la mujer. También los utiliza para obtener información sobre la madre; dónde está o lo que hace.


Consecuencias en los niños y las niñas

Sin lugar a dudas, las consecuencias sobre los niños y las niñas son graves. Los casos extremos de la violencia culminan con el homicidio, pero hay otras consecuencias intermedias y no menos graves.

Entre ellas, encontramos el «lavado de cabeza» sobre lo que es su madre y cómo se comporta, la manipulación y la situación (no siempre explícita) de ponerlos a elegir entre un progenitor y otro.

De este modo, se va tejiendo una instrumentalización de esos niños y niñas, despojados de todo derecho, y que son envueltos en un contexto conflictivo que —en todo caso— debería resolverse entre los adultos.

Así, esa sensación de seguridad y protección que debería dar permanecer con el progenitor, se convierte en una tortura y en un malestar permanente. Por ello, la salud física y psicológica de los hijos empieza a verse resentida.

La abogada Peral López nos invita a complejizar aún más la violencia vicaria; concebirla como una triple violencia. En este sentido, se trata no solo de que los hijos son utilizados para causar daño, sino que ellos mismos son protagonistas y sujetos del daño.

«Lo viven en carne propia» y también son testigos del maltrato que se ejerce contra su madre.

En la violencia vicaria, los hijos suelen ser instrumentalizados para manipular o violentar a la madre.


La violencia vicaria: controles que fallaron antes

La violencia vicaria es una de las tantas formas de violencia que vive una mujer que se encuentra en una relación hostil y agresiva. La punta del iceberg, que en este caso es el maltrato físico y hasta el suicidio, solo es una de las caras visibles de este complejo fenómeno.

Es preciso brindar apoyo y acompañar, de manera sistémica y a través de múltiples actores e instituciones, a una mujer que es víctima de violencia de género.

Cuando sus hijos se han convertido en el «trofeo» de un padre maltratador, fallaron múltiples alarmas y medidas que debieron haber garantizado los derechos.

¿Cuáles son los signos que deben llamarnos la atención? Por ejemplo, cuando de repente un padre que jamás se ocupó del cuidado o la atención de sus hijos insiste en reclamar un régimen de visitas.

Por supuesto, aquí se alegará que se trata de un derecho, pero es muy importante no perder de vista que hablamos de un contexto y de un caso de gran sensibilidad y singularidad, en el que hay que considerar el riesgo y el peligro.

En este sentido, un «faro» que sí o sí debe ser tenido en cuenta es el deseo de los niños y niñas, lo que ellos sienten, en qué estado se van y en qué estado regresan de la casa de su progenitor. Son sujetos de derechos y elegir y dar su opinión es sumamente importante.

No esperemos a contabilizar un caso más o a que pasen los años hasta que se tome alguna medida. Como sociedad, tenemos un deber colectivo de comprometernos con la erradicación de la violencia, en todas sus formas.

El cambio es la suma de las voluntades y las acciones individuales. Por eso, quizás nuestro granito de arena empieza por no reírnos de chistes que cosifican a las mujeres o no normalizar que se controlen los mensajes que recibimos en el celular. Empecemos por algo para luego lamentar menos.

Fuente: Mejor Con Salud